El pasado miércoles 14 de noviembre falleció Fernando del Paso, pero no podemos decir que murió uno solo: murieron, a la vez, un cervantista agudo, un narrador meticuloso, un poeta perfecto, un pintor brioso, un comunicador de corazón, un artista comprometido y un hombre entregado a los otros. Quiero que estas líneas sirvan para recordarlo tan vasto como fue en vida y sobre todo para rendir homenaje a su poesía, lamentablemente poco conocida.


Por una parte, a la prosa de Fernando del Paso jamás le han hecho falta los elogios ni los premios. En los libros José Trigo y Palinuro de México muchos críticos reconocen el Quijote mexicano por el perfecto tejido narrativo y la pureza del lenguaje, que los colocan a la altura de obras de la literatura contemporánea como Cien años de soledad. Sus Noticias del Imperio, asimismo, constituyen quizá la novela histórica mejor lograda en la narrativa mexicana. Además, Del Paso demostró que no hay géneros menores ni autores mayores: al escribir Linda 67 dio una prueba de que una novela policiaca, según lo que haga con ella su autor, puede estar a la altura de cualquier otro género.


Sin embargo, no fue sólo su trabajo narrativo lo que lo hizo meritorio del Premio Cervantes en 2015, pues entre su obra encontramos también cuentos, textos para niños, teatro y poesía. Me detengo especialmente en este último género para destacar la maravillosa obra que es su PoeMar, dedicada enteramente, como podemos sospechar, al mar. En ella, Del Paso rescata del olvido y da vida a cientos de relatos —históricos, legendarios y ficticios— desarrollados sobre las aguas del océano, narraciones que, además, recrea desde la perspectiva de un poeta que contempla el mar con el mismo respeto y admiración que un marinero. Mas se trata de un marinero experto y experimentado, ya que formula y responde cuestionamientos impensables. ¿Quién ha preguntado “[e]n dónde estaba el mar”, “[d]ónde fue la mañana”, “[d]e dónde viene el mar” o “[e]n dónde está la tarde”? Sólo aquel mismo que ha podido responder que “la sombra es luz dormida, desmayada” y que “la luz es sombra lúcida, incendiada”. La sabia poesía de Fernando del Paso hace que se diluya la pregunta sobre los límites del mar, pues queda claro que no los tiene. El autor retrata la inmensidad del ponto, inmensidad por la que han transitado diminutos navíos desde tiempos inmemorables, llevando a las costas gotas de recuerdos que perdurarán por la eternidad.


El erotismo, además, es alimento para muchos de los versos del escritor. En el soneto “El verano”, los versos toman la fuerza del embiste de las olas, pero también su ritmo y su cadencia. Como los barcos en las bahías, la pluma de Fernando del Paso penetra en el cuerpo del lector. Más vale dejarlo hablar a él:

 

Te surco, arpono, enfilo, te requiebro
y en mar candente te convoco y llamo:
te quiero a solas en mis olas, clamo
tus ojos, sombra, boca, tu cerebro.

Te bogo, nado, te buceo, enhebro
en pespuntes tu orgasmo. Prendo, inflamo
tu pezón más orondo. Beso, lamo
tu muslo más rijoso, lo celebro

con lengua que suspiras y que imploras.
Y te espumas, mareas, bulles, ardes,
te derrites, licúas en mis manos,

y en mi remo te encajas, bramas, lloras,
en oleadas de noches y en las tardes
más soleadas de todos los veranos.

 

Y como este texto podemos encontrar apasionantes sorpresas en toda su obra literatura, tan notables como las conferencias sobre el Quijote “Amores y desamores del virtuoso caballero”, que ofreció como miembro de El Colegio Nacional, la más prestigiosa institución académica en México. Cuántas cosas más podríamos enumerar…


Por lo tanto, ahora que ha partido de este mundo, a Fernando del Paso no hay que decirle adiós: hay que darle la bienvenida en nuestros ojos y oídos: hay que leerlo y escucharlo tanto como podamos. Yo no olvidaré jamás lo significativo que fue para mí citarlo cuando presenté mi novela Asesino por religión en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una ciudad a la que él quiso tanto; estoy seguro de que recordaré siempre Linda 67 y sé que difícilmente olvidaré los versos de su PoeMar. Por hoy y mucho tiempo más, bienvenido, Maestro Fernando del Paso.