El que viaja mucho y lee mucho, ve mucho y sabe mucho, escribía Cervantes hace 400 años. Pues en Madrid he podido ver, entre muchas otras cosas, una demostración de lo que es el feminismo en serio: cientos de miles de personas (sin exagerar) recorriendo las calles de la ciudad este 8 de marzo para apoyar la causa.


Hace tiempo, en 2016, conducía un programa de radio junto con mi hermano, Shamir Troconis; en mayo de ese año, tuvimos oportunidad de entrevistar a Mónica Mayer, una de las artistas mexicanas que ha usado la plástica para llevar adelante el movimiento feminista. Fue entonces que entendí su verdadero significado: ser feminista no es odiar a los hombres, no es pensar que las mujeres son superiores, no es ser una extremista histérica. No, ser feminista simplemente significa pugnar por la igualdad de género. Cualquier persona racional, por lo tanto, debería ser feminista: hombres y mujeres, niños y adultos.


Habrá que entender que estamos muy lejos de eso y es precisamente por ese motivo que existe un enorme movimiento (sin duda heterogéneo) que busca alcanzarlo. Porque, por sorprendente que parezca, en buena parte del mundo se le paga menos a una mujer que a un hombre por realizar el mismo trabajo o sencillamente se le considera incapaz de llevar a cabo ciertas actividades. Igualdad también implica respeto: a su persona, a su psique, a su cuerpo. Y vaya que cada calle donde alguien lanza una mirada lasciva o pronuncia una palabra vulgar está lejos del respeto.


Así, pues, falta mucho para alcanzar la igualdad de género. La pregunta es qué hacer para ello. Uno puede quedarse sentado esperando que suceda por sí solo o bien puede esforzarse por concientizar a las personas o puede llevar esos temas a la agenda política de un gobierno. El 8M, el Día Internacional de la Mujer, da una buena idea de lo que hace el movimiento feminista en cada país. En México, aunque también hay enormes muestras de feminismo, casi siempre vi que tal fecha era una celebración para la mayoría de las personas: se felicitaba a las mujeres y en los restaurantes les obsequiaban una flor. La realidad es que no es sólo ridículo celebrar la fecha (pues, entre otras cosas, se recuerda la muerte de varias personas), sino que además es desaprovecharla. En España han dado una muestra de lo que se puede hacer con ella: convocar una huelga y salir a las calles. Con el lema “Si nosotras paramos, se para el mundo”, la huelga hace ver a cualquiera el papel fundamental que hoy ocupan las mujeres en todas las esferas sociales. Y si a alguien le queda duda de que la igualdad de género es una transformación que la sociedad quiere alcanzar, los miles de manifestantes se lo harán saber.


Este 8 de marzo vi un mar entero moverse por la Gran Vía de Madrid. Mujeres, hombres, niñas, niños, adultos mayores… Todos marchaban. Exhibían todo tipo de carteles con leyendas como “Juntas y sin miedo”. Algunas consignas hacían referencia a la situación de inseguridad: “Mamá tranquila, hoy no voy sola a la calle”, “No es no” y “Ni una menos”. Otras reivindicaban el movimiento a través de comparaciones históricas: “Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar.” Era una verdadera demostración de lo que busca la sociedad.


Junto con otros amigos latinoamericanos, yo no podía creer la diferencia que había entre las felicitaciones a las mujeres en México y la participación multitudinaria en la manifestación pública en España. El 8M era un día aprovechado a consciencia para difundir el mensaje: tenemos que llegar a la igualdad de género cuanto antes y para eso debemos involucrarnos todos. Por ello, mi fotografía favorita de cuantas tomé esa noche fue la que aparece en esta entrada de mi blog: un padre y una niña abrazados viendo la manifestación pasar. Lo dice todo. Yo imagino que él le murmuraba: “Mira, todo esto es para que cuando crezcas, las cosas sean diferentes.”