Habent sua fata libelli, es decir, los libros tienen su destino, muchas veces insospechado por su autor, que tan pronto como entrega el texto, deja de ser su propietario único. Yo no imaginaba tantas cosas que le sucederían a mi novela La conquista de la tecnología, sobre todo que fuera vendida en otros países y que fuera usada en escuelas.


En medio de clases de Historiografía Universal en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, conocí las teorías de autores como Roger Chartier y los proyectos de académicos como Robert Darnton en torno a la creación de una biblioteca electrónica donde estuvieran disponibles todos los textos del mundo, todos y cada uno, incluyendo libros, periódicos, revistas, folletos, documentos antiguos… Es cierto que estamos cerca de ello gracias a proyectos como Google Books y Project Gutemberg, pero aún hay muchos obstáculos (sobre todo comerciales y de propiedad intelectual) que nos separan de su realización absoluta.


Entonces me pregunté qué podría suceder cuando llegue ese momento. ¿Cómo se llevarán a cabo los debates en torno al proyecto? ¿Quiénes decidirán y quiénes ejecutarán las operaciones? ¿Qué discurso político se manejará y cómo reaccionará la sociedad? Ése fue el origen de La conquista de la tecnología, que tomó la forma de una novela corta y satírica. Pensé en ella como una obra cargada de crítica, pero que se leyera con agilidad y que fuera apta para todo público, pues, al fin, se trata de un tema que atañe a todos hoy que la tecnología está presente en cada instante de nuestra vida.


Al terminar la novela en 2016, supe que venía al largo proceso de buscar su publicación. Tal ocurrió dos años después cuando el manuscrito llegó a manos de José Nava, editor de Thyrso. Con ella, se tomó la decisión de inaugurar Bibliofilia, la colección literaria de la editorial: primer asunto que no esperaba. Asimismo, en nuestras primeras conversaciones, José Nava me propuso que el libro fuera ilustrado: segundo asunto que no esperaba. Si bien en su momento me resultó extraño pensar en esa posibilidad, al final del proceso de edición ya no podía imaginar el libro sin las ilustraciones de Jorge Mendoza, quien creó una maravillosa narrativa gráfica paralela al texto.


La publicación del libro coincidió con mi estancia en España, por lo que se dio la posibilidad de presentar el libro en estas tierras: tercer asunto que no esperaba. Más todavía: el Fondo de Cultura Económica acogió con gusto el proyecto y la novela fue presentada en la librería “Juan Rulfo” de Madrid, nombre que ya impone: cuarto asunto que no esperaba. A esto siguió la distribución del libro, que ahora se vende físicamente tanto en México como en España, además de que su formato electrónico en Amazon lo pone a disposición de todo el mundo: quinto asunto que no esperaba.


Como si no tuviera suficiente, la calidad del libro (tanto por el texto, sus ilustraciones y la edición) merecieron que fuera elegido para que más de 300 alumnos de bachillerato lo utilicen en clase este primer semestre de 2019, lo que conduce a Thyrso a sacar una reimpresión casi inmediata de la novela: sexto y séptimo asunto que no esperaba. Esto incluso nos ha llevado a la editorial y a mí a preparar programas didácticos que permitan sacarle el mayor provecho a esta novela para las asignaturas de Literatura e Historia.


Tantas cosas que jamás sospeché… Sin duda los libros tienen su destino y yo estoy feliz de ver la conquista que va logrando La conquista de la tecnología. Estoy seguro de que se seguirá abriendo camino con cada nuevo lector que alcance.