En una minificción publicada hace años, Agustín Monsreal escribía un verdadero tratado sobre la propia minificción; bajo el título “De los castigos de la realidad”, afirmó: “Ay, cómo le pueden a mi cuerpo las cosas minúsculas: una piedrita en el zapato, una espina en un dedo, una basurita en el ojo.” Nada más, en cursivas, por supuesto, porque este par de líneas encierra mucho, quizá demasiado. Hay quienes repiten la idea de que la vida está constituida por pequeñas alegrías que hacen que...

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