Autor: Elik G. Troconis

¡Inauguración de un Museo en la Ciudad de México!

Créditos: @mendoza.cr3

Quienes frecuentan constantemente la oferta cultural de la Ciudad de México sabrán este dato que siempre presumimos con orgullo: la capital cuenta con más de ciento cincuenta museos, lo que la convierte en la segunda ciudad con más recintos de este tipo en el mundo (siendo sobrepasada únicamente por Londres). En la otrora Tenochtitlán, podemos encontrar museos temáticos de toda clase. Por mencionar algunos temas (además de los obvios), la CDMX ofrece recorridos por el museo de la caricatura, del juguete, de Ripley, del calzado, del chocolate… En fin, la oferta es absolutamente amplia. 

Sin embargo, estoy seguro de que el museo que recientemente inauguró mi amigo Francisco Carrillo Alfaro es diferente a cualquiera que habrán visto antes. Se trata de El Museo de los Infortunios, un recinto dedicado a la memoria y a la esperanza. Si usted aún no ha visitado su galería, permítame explicarle los dos motivos por los que creo que es un museo diferente al resto.

Razón número 1: Este es un museo con forma de libro. ¿O es un libro con forma de museo? Tanto Francisco como yo hemos preferido dejarles a ustedes esta gran interrogante. Pero lo que sí podemos decir es que El Museo de los Infortunios es un libro que, a través de doce cuentos y seis minificciones, brinda un recorrido por la desgracia humana, examinando casos que oscilan siempre entre la realidad y la ficción. Quienes recorran sus pasillos encontrarán piezas que cuentan historias ambientadas en diversos momentos históricos: desde la Revolución Francesa hasta nuestros días. 

Razón número 2: Francisco Carrillo Alfaro es el autor del libro, claro está. Pero no solo eso. Es también curador, administrador, dueño, coleccionista y hasta cajero de la tienda de El Museo de los Infortunios. Quien entre a sus páginas podrá dar un recorrido guiado por sus salas: Pinacoteca (santuario de pinceladas), Espacio escultórico (hogar de piezas esculpidas en mármol y forjadas en metal), Exposición temporal (miscelánea de momentos) y Archivo histórico (imprescindible para la memoria y el olvido).

El mes pasado, tuve el gusto de presentar junto a su autor (y curador y fundador, etcétera, etcétera) El Museo de los Infortunios en la Feria Nacional del Libro de León y en Ápeiron Teatro, en el corazón de la Ciudad de México. Fueron eventos en los que nos divertimos mucho, leyendo pasajes emotivos e incluso interpretando a dos personajes de uno de los cuentos (agradecemos al Hechicero y Lucifero por su última obra).

Aquí dejo algunas fotos de tan histórico momento. Si usted aún no ha visitado este museo, puede adquirir sus entradas en Amazon o directamente con su autor, a través de su cuenta de Instagram

No deje de visitarlo, estimado lector. Como dice Francisco: ¡sigamos creando vida a través de momentos!

¡Alma, corazón y vida!

La música ha estado presente en mi vida desde pequeño.. Mi papá se ocupó de darnos a conocer a mi hermano y a mí todo tipo de piezas, desde las sinfonías de Beethoven hasta las canciones de los Beatles. Las notas y las letras acompañaban nuestro camino a la escuela, nuestras tardes de ocio y nuestras celebraciones. Gracias a mi papá y también a mis abuelos, conocí la música que marcó a generaciones y generaciones en México, desde Agustín Lara hasta Café Tacvba.

Por eso, a finales de 2024, en pláticas con el Instituto Cultural de México en España de la embajada de nuestro país, desarrollé un programa que recorre la historia musical del siglo XX mexicano. Desde febrero es una realidad. Semana tras semana se reúne en la embajada un grupo de amantes de la música y exploro con ellos los distintos géneros que se han desarrollado en nuestro país, destacando a sus compositores e intérpretes más importantes. Hablamos de corridos, baladas, boleros, música ranchera, mambo, roncanrol, salsa, cumbia, pop y más. Nos trasladamos al norte, al sur y al Golfo para descubrir las canciones tan distintas que nacen en cada región.

Además, este recorrido nos lleva a conocer distintos fenómenos de la historia de México y del mundo: movimientos históricos como la Revolución Mexicana, situaciones políticas como el establecimiento de la identidad nacional, puentes culturales con otras naciones como la Cuba que compartió los boleros, el desarrollo del cine de oro mexicano y la música de sus películas… Eso es  “Alma, corazón y vida”, un recorrido que nos permite gozar la música mientras comprendemos la historia.Debido a su éxito en España, ¡decidí lanzar una versión virtual para México! Arrancará el próximo sábado 5 de abril). Juntos brindaremos con las canciones de José Alfredo Jiménez, cantaremos las mejores canciones de Luis Miguel y bailaremos al ritmo de los Ángeles Azules  ¡Puedes descargar el programa aquí!

Las inscripciones están abiertas y tú tienes la oportunidad de disfrutar esta aventura conmigo y con otros amantes de la música. Además, te tengo una sorpresa: por ser  suscriptor de este blog, recibirás 10% de descuento para cualquier plan de pagos de “Alma, corazón y vida”. La oferta es por tiempo limitado y está limitada a tres suscriptores, así que escríbeme cuanto antes en el formulario.

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Gracias por tu respuesta. ✨

¡Todo lo que usted siempre quiso saber sobre literatura! (Y nunca se atrevió a preguntar)

El sábado 8 de febrero, tuvimos una sesión de Q&A. En ella pude escuchar las dudas y comentarios sobre literatura de una gran comunidad de lectores. Fue una experiencia maravillosa y estimulante. Durante dos horas compartimos puntos de vista sobre la literatura, la edición, consejos de escritura y mucho más. ¡Recibí más de cuarenta preguntas! A la reunión asistieron personas de todas las profesiones, desde ingenieros hasta literatos, pasando por médicos, editores, artistas y profesores. Quisiera aprovechar esta entrada para contar mi experiencia al respecto, señalando algunas de las dudas que más disfruté responder.

Uno de los temas que generó mayor interés entre los asistentes fue el de la edición de libros y, concretamente, qué beneficios debemos buscar en editoriales independientes e institucionales para publicar nuestras primeras obras o, por el contrario, qué debemos evitar al trabajar con ellas. Por supuesto, esta cuestión se encuentra estrechamente relacionada con dudas que algunos artistas noveles me hicieron llegar para desarrollar sus proyectos con mayor eficiencia y tenacidad. De todas ellas, resaltó el caso de una joven que quería entrar al mundo literario para echar a andar su proyecto de ilustración.

También hubo preguntas difíciles de responder. Recuerdo concretamente dos: la primera era qué hacer para que un libro conecte con su audiencia, mientras que la segunda era si la literatura podía servir como herramienta para el cambio social. Aunque parto de la premisa que para este tipo de preguntas no hay respuestas correctas, sí creo que podemos orientarnos con algunas pistas. Porque sí, como en todas las ciencias sociales y humanidades, depende de dónde y cómo veas la situación para que puedas definir tu postura al respecto.

Del otro lado de la escritura (aunque en realidad es un proceso que se vincula), también recibí preguntas de algunas personas que querían mejorar sus hábitos de lectura y cumplir con los objetivos que ellos mismos se pusieron para este año 2025. Además de recomendarles mi charla “Yo tampoco tengo tiempo para leer…”, también sugerí que lo más recomendable para leer más y mejor es hacerlo en comunidad. No es porque sean míos, pero por supuesto que recomendé mis círculos de lectura para que se unan a una comunidad que tiene metas claras y fijas, y que acompaña a todos sus miembros en cada lectura. 

¡Disfruto mucho compartir con otras personas estos eventos virtuales! Todos ellos surgen a partir de las inquietudes de quienes conozco en cursos, círculos de lectura, charlas y otros espacios. Así que cuéntame tú: ¿qué otros temas te gustaría que platicáramos? Escríbeme con tus ideas a contacto.elikgtroconis@gmail.com

¡Sigamos leyendo!

Yo tampoco tengo tiempo para leer…

Año Nuevo. Te encuentras frente a tus doce uvas para pedir tus deseos y, como cada año, entre bajar de peso y ahorrar más, le dedicas una uva a la misma promesa de cada año: Leer más y leer mejor. Te visualizas leyendo diez, veinte, treinta, cincuenta libros y todos los temas de conversación que tendrás gracias a haber enriquecido tu cultura.

Empiezas con todo y los primeros días de enero acabas tu primer libro, lo que te genera ilusión. Encarrerado, piensas que este año es el bueno. Pero tan solo unos días después tu sueño se rompe. ¿Por qué? Por el mismo pretexto que todos nosotros hemos puesto alguna vez: “Es que no me da tiempo para leer”.  Lo entiendo porque yo también vivo atiborrado de cosas:el trabajo, la familia, los amigos,, el deporte, la vida social. ¿Cómo voy a leer si trabajo ocho horas, duermo ocho, paso dos horas en el transporte y, además, quiero atender a mi familia? Siempre tenemos otras prioridades, pero déjame decirte que existen herramientas para que optimices tu tiempo y puedas leer mejor este 2025. 

Te cuento algo que me tiene emocionado. A pesar de haber sacado adelante un montón de  actividades y proyectos distintos, el año pasado logré leer 51 libros. Pero no solo es la cantidad lo que me enorgullece, sino también la calidad. Exploré nuevos géneros, leí obras que tenía pendientes desde hacía años, leí con otras personas. Me emocioné, me reí, me enojé. ¡Navegué por esos 51 títulos con plena conciencia de que tenía algo para aprenderles! Por esto mismo te lo digo: ¡sí se puede encontrar el tiempo para leer!

Este sábado 25 de enero en punto de las 11:00 hrs (tiempo de la Ciudad de México), daré una Master Class totalmente gratuita y virtual, en la que compartiré contigo ocho estrategias que te servirán para leer más y mejor. Y para que veas que son más sencillas de lo que puede parecer, te comparto en exclusiva dos de ellas:

  • Establecer lugares y tiempos de lectura inamovibles
  • Cambiar distracciones por lectura

Si quieres saber las demás, únete, dando clic aquí. Haz efectivo el tiempo y cumple tu meta de leer más este 2025. ¡Sigamos leyendo!

¡Llega el audiolibro de Titivillus!

Mi abuelo Luis era un gran lector en voz alta. Mi papá lo es. Recuerdo nítidamente a uno y a otro leyendo distintos libros. Ambos ponían muchísima emoción en la narración. Yo me sentía como si estuviera viviendo la escena en carne propia, como si delante de mí se dispararan los cañones de un relato histórico que le encantaba a mi abuelo o como si tuviera enfrente a aquel Sherlock Holmes del que hablaba mi papá.

Escucharlos de pequeño me fascinó tanto que yo también quise convertirme en un buen lector en voz alta. En cursos y talleres, en reuniones, en cualquier escenario que se preste, en cuanto hay que leer algo y preguntan quién quiere hacerlo, yo levanto la mano. Es algo que disfruto, pues siento que le doy vida a los personajes y que, de alguna manera, hago vivir también al autor entre aquellos que lo estamos conociendo a través de sus letras. Y lo disfruto más cuando percibo la emoción de las personas a mi alrededor, la misma que yo experimentaba al oír a mi papá y a mi abuelo.

Leer en voz alta tiene mucho de actuación, que es otra cosa que siempre me ha llamado la atención (y que está en mi larga lista de cosas por hacer). Implica entender los pensamientos y los sentimientos de cada personaje, crear una voz para ellos, saber pronunciar no solo sus palabras, sino también sus silencios y hasta sus titubeos. Significa hacer vivir a alguien que en realidad no tiene vida.

Por esta magia, recuerdo que desde que comencé a escribir soñé con grabar mis propios audiolibros. Hoy… ¡hoy es un sueño cumplido! Para inaugurar la serie, elegí Titivillus, mi libro más reciente. Su protagonista es Faustino, un escritor joven y frustrado que termina por firmar un pacto con el demonio Titivillus para obtener todo el éxito que siempre ha soñado. Este le garantiza todo el futuro que desea a cambio, tan solo, de su pasado. “Cuanto más porvenir tengas, más tomaré yo de tus recuerdos”. 

Grabar este libro fue toda una experiencia: adaptar el texto, inventar la voz de los

personajes, actuar sus escenas, volverme loco en el estudio. Lo disfruté muchísimo y estoy seguro de que todos aquellos que lo escuchen lo harán también. Lo mejor es que la tecnología de hoy permite acceder a él con tan solo unos cuantos clics aquí.

El audiolibro llega, además, en un momento clave: el sábado 9 de noviembre tendremos un encuentro con toda la comunidad lectora de Titivillus. Esteban Vázquez (ilustrador del libro) y yo estaremos compartiendo un rato con nuestros lectores para conocer sus impresiones, saber qué les pareció la historia, escuchar cuál fue su pasaje favorito. ¡Hay tiempo perfecto para leer!

¡Nos escuchamos en Titivillus y nos vemos muy pronto en la charla!

Luces y sombras de la Edad Media

Hay 74% de probabilidades de que pienses que la Edad Media fue un periodo absolutamente oscuro, en el que no ocurrió nada importante, y que, sin embargo, te encante el arte del Renacimiento y seas fan de la obra de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y otros tantos. Lo impresionante es que no te has dado cuenta de que fue precisamente durante la Edad Media que comenzó el Renacimiento.

Esta época en particular ha sido víctima de juicios erróneos en distintos momentos. Por un lado, en el Renacimiento y en la Ilustración, se dijo que había sido una época oscura y retrógrada, de estancamiento cultural. Y más tarde, en el siglo XIX, los castillos, los caballeros y las princesas fueron romantizados. La verdad, la Edad Media no fue ni una cosa ni otra. 

¿Y si te dijera que esta fue la época en que reinó Ricardo Corazón de León y se creó la leyenda de Robin Hood? ¿Y si te dijera que es la misma en la que escribió un tal Dante Alighieri? ¿Y si te dijera que fue en esos años que se creó la escala musical (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si)? ¿Y si te dijera que puedes aprender todo esto y mucho más en un solo curso? ¡Pues déjame invitarte a Luces y sombras de la Edad Media!

¡Haremos un recorrido a lo largo de mil años! Hablaremos de la caída del Imperio Romano, que significó el fin de la Antigüedad y también el inicio de la Edad Media. Entenderemos la expansión del cristianismo y la fuerza arrolladora del islam, lo cual nos permitirá ver las famosísimas Cruzadas. Hablaremos de emperadores como Carlomagno y pensadores como Avicena, así como de la vida diaria de las personas de a pie. Conoceremos la literatura, la pintura y la arquitectura de la época.

Gracias a este curso, nos daremos cuenta de que la Edad Media fue un periodo en el que se gestaron muchos movimientos y corrientes que hasta el día de hoy tienen gran influencia en nuestra vida diaria. Veremos toda la luz de un periodo que nos vendieron como oscuro.

Este curso tendrá lugar los cuatro sábados de octubre, de 11 a 13 hrs (tiempo del centro de México). Puedes consultar el programa completo aquí. No te demores, pues es cupo limitado.

Llegó la Biblioteca Troconis

El último par de años han sido extraordinarios para mí y ahora llegan a una de sus cimas. Durante este tiempo, recibí el Premio Nacional de Literatura Fenal-Norma 2022 en México y también fui segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía “Juan Cervera 2024” en España. Publiqué mi noveno libro, que además presenté en el Centro Nacional de la Cultura y las Artes, y en la Feria Nacional del Libro de León. He dado conferencias en ferias, universidades y empresas. He impartido cursos en lugares tan emblemáticos como la Casa del Lago.

Pues ahora todos los aprendizajes, toda la experiencia, toda las herramientas docentes y de divulgación están reunidas en mi nuevo proyecto: la Biblioteca Troconis. Se trata de un espacio virtual que reúne cursos, talleres y asesorías impartidos por mí. En nuestro mundo actual, donde las ocupaciones vuelven complicado tomar cursos en horarios fijos, la alternativa es adaptarse por medio de las plataformas en línea, donde el contenido está listo para ser consultado por cualquier persona desde cualquier lugar y en cualquier momento.

No se trata tan solo de grabarse frente a una cámara mientras hablas, sino de pensar cada una de las lecciones de una forma distinta. Por eso los nuevos alumnos encontrarán ejercicios conjuntos e incluso exámenes tipo test en algunos de los cursos.

Actualmente, además de asesorías en distintos rubros, la Biblioteca Troconis cuenta con tres contenidos:

  • Curso de apreciación de poesía
  • Taller de redacción y comunicación
  • Word para escritores, editores y otros seres fantásticos

El primero de ellos realiza un recorrido por más de 2,000 años a través de la historia de la poesía, destacando algunos de sus autores, formas y textos más importantes. Gracias a estas lecciones se han nutrido muchos conocedores de la poesía y también han surgido nuevos amantes del género que antes lo creían cursi o incomprensible.

Por su lado, el Taller de redacción y comunicación ha ayudado a personas de todo tipo a mejorar sus capacidades expresivas, desde personal administrativo de oficinas hasta escritores.

Por último, el curso de Word tiene el propósito de dotar a los usuarios de herramientas tecnológicas en un programa que todo el mundo usa y cree que sabe usar, sin sospechar todas las características especiales que ofrece.

Antes del último día del 2024, habrá en la plataforma nuevos talleres como uno de cuento y también cursos tanto de artes como de humanidades, entre los que destaca uno sobre cine y literatura policiaca, y otro sobre la Edad Media. La apuesta es que las personas no solo aprendan, sino que disfruten de hacerlo. Las artes y las humanidades son fundamentales para vivir mejor.

La Biblioteca Troconis está lista para que la explores y que la hagas tuya. ¡Espero que la disfrutes muchísimo! Puedes acceder a ella aquí y además usar el cupón ESPECIAL para recibir 15% de descuento en cualquier curso (válido hasta la medianoche del 25 de agosto de 2024).

¿Qué es el éxito para ti?

Esa es la pregunta que más me han hecho en entrevistas y presentaciones durante los últimos tres meses, desde el lanzamiento de mi novela más reciente. Y es que el protagonista de Titivillus firma un pacto para obtener todo el éxito que siempre ha soñado. El demonio que se le aparece le ofrece todo el futuro que desea a cambio, tan solo, de su pasado. “Cuanto más porvenir tengas, más tomaré yo de tus recuerdos”. ¿Se imaginan? “Entonces, Elik, ¿qué es el éxito para ti?”

La primera vez la pregunta me tomó por sorpresa en una entrevista. Al cabo de un par de segundos, dije: “Si lo digo, arruinaría el libro para los lectores”. Parece una salida fácil, pero es que, en verdad, una parte fundamental de la novela es la transformación de Faustino, el protagonista. Al principio está tan desencantado con su vida y aspira con tanta fuerza a tener un gran porvenir, que le da igual renunciar a sus recuerdos. Pero su decisión lo hace darse cuenta de algo relacionado con el éxito. No digo más porque spoilearía todo.

Lo que sí quiero decir es que esta novela me llevó a mí mismo a reflexionar en torno al éxito. Se nos ha enseñado que este es sinónimo de una gran fortuna económica. Exitosa es aquella persona que tiene un muy buen puesto, que gana bien y que tiene su propia casa. Exitosa también es aquella persona que se casó con el amor de su vida y tuvo hijos con él o ella. Exitosa es la persona que viaja por el mundo con una sonrisa en la cara. ¿Pero de verdad ese es el éxito? ¿Es exitoso quien tiene todo eso, pero detesta su trabajo?, ¿quien no tiene un motivo para hacer todo lo que hace?, ¿quien siempre quiere más y nunca está satisfecho?

¿A Faustino lo hace exitoso publicar libros leídos en todo el mundo, ganar todos los premios literarios, dar conferencias ante auditorios llenos? Uno esperaría que sí, pero quizá no. Con lo que le pasa a Faustino yo me di cuenta de dos cosas. Por un lado, que el concepto de éxito debería ser totalmente personalizado: cada quien debería tener su propia idea de ello porque cada quien es distinto. Y por otro lado, me di cuenta de cuál era mi propia idea del éxito, lo que realmente me importa alcanzar en esta vida.

Insisto en que no diré más para que los lectores disfruten el final de Titivillus. Más bien les tiendo la pregunta aquí: ¿qué es el éxito para ustedes? Y me encantaría que lo respondieran antes de leer el libro y después de hacerlo, por si acaso algo en ustedes cambia con la lectura. Ya me contarán en los comentarios de esta entrada o en Instagram o en Facebook. Mientras tanto, lo que sí quiero hacer es agradecer a los medios de comunicación que se han interesado por este libro y han ayudado a que llegue a más lectores, tales como El Heraldo, 24 horas, Newsweek, el Imer, Canal 22, Radio Educación, e-consulta y otros más que seguramente se me escapan, así como a la comunidad de booktalkers en redes sociales, cuyo trabajo es invaluable. Y gracias a ustedes, lectores, por acoger a Faustino en su vida.

Destino

Por Germán Troconis Trens1

Siempre me he preguntado acerca del destino. ¿Ya tenemos predeterminada la vida o todo es una serie de eventos inconexos que no tienen ninguna relación entre sí? Todo esto lo reflexionaba una mañana al tomar el primer café del día en la sala de descanso de médicos. Con las noticias del televisor me vine a enterar de lo acaecido a una mujer que había atendido en el hospital apenas unos días antes. El desenlace que visualicé me hizo sentir culpable por no haber sospechado que algo así podría haber sucedido. Yo estuve ahí, participé activamente en el desarrollo de los eventos y, debido a mi inexperiencia y falta de visión, no pude prever el resultado. Esta es la historia que voy a compartir con ustedes para dejar de cargar con su culpa. 

En la escuela siempre nos dijeron que la Medicina no solo es una ciencia, sino que entraña una especie de arte; que la práctica siempre será clave para el desarrollo exitoso de nuestras labores. La teoría es necesaria pero, por encima de eso, en el doctor debe desarrollarse cierto sentido intuitivo que es realmente misterioso. Es algo así como el aura que algunos le ven a los médicos, eso que permite que digan “Nada más lo vi y ya me siento mejor, doctor”. Fanfarronadas, piensan algunos, pero después de que les cuente lo sucedido tendrán otra opinión. 

Y es que ya dije que no solo soy testigo ocular del evento, sino participante activo. ¿Destino? ¿Concatenación desafortunada de eventos? Juzguen ustedes.

Era el primer día de actividades hospitalarias en aquella vigorosa y joven ciudad, que prometía mucho tanto a sus pobladores como a nosotros, 12 jóvenes médicos recién graduados. En ese entonces, Ensenada ya era más que un pueblo; ahora se abría paso por la pujante península con el deseo de llegar a ostentar los estándares que las ciudades gringas tenían en su haber. Sin embargo, el encanto del mar, los pescadores que recogían sus redes al finalizar la faena y el conformismo que flotaba en su ambiente eran rasgos ostensibles. La vida se vivía en el presente; el mañana sería otro cantar. Estaba en manos de Dios. Esto dejaba ver profundos contrastes, pues la incipiente economía de la clase media que perseguía mejores condiciones de vida se estrellaba contra la resignación ancestral de los pobladores de este pueblo pesquero. Podías ver relucientes tiendas donde se vendían donas glaseadas con café y enfrente carritos donde el platillo único y típico era el fish taco.

Así llegamos a esta ciudad que nos esperaba con los brazos abiertos, pero con grandes carencias en los servicios sanitarios, los cuales se encontraban totalmente desbordados. Y ahí estábamos, jóvenes médicos haciendo su internado antes de graduarse más que dispuestos a adquirir las habilidades prácticas que la ciencia médica nos había negado en las aulas. Algunos teníamos hambre de ensayar lo aprendido a pesar de los riesgos que pudiera significar para los pacientes esa falta de pericia. Otros lo que querían era divertirse, conocer mundo, incluso enrolarse con alguna bonita enfermera, pues la fama de las mujeres del lugar se había extendido. Sabíamos que Ensenada era toda una cantera de mujeres hermosas de ojos claros, piel tersa y costumbres relajadas. Muchos habían escogido Baja California por ser el punto más distante de la Ciudad de México; así podrían romper el cordón umbilical que los unía a sus familias. Otros lo hicimos porque sabíamos muy bien de la fama que reinaba en ese lugar en cuanto a la práctica extrahospitalaria que se vivía ahí: la vida nocturna, el frecuente paso por la frontera. La pura ciudad tenía en sí su encanto, pues al acercarnos a los muelles podíamos vivir un poco la vida de los pescadores, marineros y demás personal que se relacionaba con todo lo que sucedía en las costas y el mar.

De estos 12 médicos, muy pocos nos conocíamos; en general todos éramos auténticos desconocidos. Uno de ellos, el más desenfadado e indiferente, era Rolando. Iba por la vida diciendo que las cosas seguirían el curso que ya estaba predestinado y que por tanto no valía la pena esforzarse ni apanicarse por nada. A menudo decía: “Cuando te toca, aunque te quites; cuando no, aunque te pongas”. Pero la frase célebre con la que supuestamente resolvía todos los problemas era otra, de apenas cuatro palabras: “Todo está bajo control”.

El primer día de hospital, se realizó la repartición de servicios y guardias. Me tocó Rolando de pareja: como sendos policías, uno cubriendo las espaldas del otro. Yo más bien pensaba que cubriendo las deficiencias de ambos. Nos habían asignado la Tococirugía, que es el lugar donde se vigilan y atienden los partos. Como en todos los servicios, existían peculiaridades. Para nuestro asombro, este era guapachoso: música tropical, chistes colorados, ambiente distendido. Así disminuía el estrés que siempre se respiraba, pues a menudo había muchas pacientes, gritos, carreras por evitar que el nacimiento de un bebé nos ganara, llamadas para conseguir sangre y reparar las pérdidas por hemorragias agudas, etcétera.

En esas estábamos un día con nuestras dos enfermeras de turno, Elvia y Rosario, cuando oímos llamar a la puerta. Rolando la abrió sin prisa. ¿Cuál no sería nuestra sorpresa al encontrar a una descomunal mujer en estado gestante avanzado que solicitaba consulta pues sentía que el chamaco quería ya salir? Recuerdo que lo que más me llamó la atención fueron sus pobladas cejas y arcos superciliares abombados, que dejaban sus diminutos ojos ocultos en dos pequeños nichos que eran las órbitas. “¿De dónde habrá salido esta mujer?”, me pregunté. “Su aspecto es totalmente simiesco”. Sin estar muy seguros, la pasamos al cubículo de interrogatorio y empezamos a realizar su historia clínica. Pura teoría, preguntas y preguntas que poca utilidad tenían. 

 Durante el interrogatorio me llamó la atención lo escuetas que eran sus respuestas y a veces incluso contradictorias. No mostraban esa singular felicidad de la embarazada a punto de terminar esta etapa y conocer ya a su bebé. Finalmente llegó el temido momento de la exploración. Muy diligente, Rosario la pasó a la mesa de exploración ayudándole a ponerse la famosísima bata de hospital, “con la abertura para atrás”. Yo no me sentía ni remotamente capaz de explorarla, pero Rolando con su habitual desenfado dijo que él lo haría. Procedió entonces al temido tacto vaginal. Después de unos momentos, cuando yo esperaba el informe para anotarlo en el expediente, pronunció su veredicto final:

—Calientito y viscoso.

—¡No seas imbécil! —le dije—. Eso no nos dice nada. Te parece que pongamos “Útero gestante ocupado con un producto”… Supongo que viene de cabeza, ¿no? 

—Sí, creo que sí.

—Entonces “en posición cefálica, en trabajo de parto” —completé mientras anotaba en el expediente—. Y le ponemos “Cinco centímetros de dilatación”.

—Pues sí, ponle así, para poder ingresarla y ya aquí la vamos cuidando.

—La paciente se queda en Labor —dije yo mirando a las enfermeras con gran seguridad.

—¿Seguro? —me preguntaron ambas al unísono.

 Desde la llegada de Emma (ese era el nombre de la paciente), Elvia y Rosario nos veían divertidas sin pronunciar una sola palabra. 

—Doctores, recuerden que Labor solo tiene dos camas y, si las ocupan todas innecesariamente, no podrán aceptar urgencias reales que nos lleguen más tarde. 

Incómodo momento, pero ya era muy tarde y el orgullo nos impedía echarnos para atrás.

—Se queda —dije firme.

Finalmente Emma fue ingresada. Sin embargo, Trabajo Social nos comunicó que habían detectado algunas irregularidades en su número de seguridad social, pues al parecer estaba inactivo por falta de aporte en sus cuotas obrero-patronales. Pero esos eran problemas administrativos que a nosotros no nos competían. Así pues, se quedó y ahí empezó nuestro vía crucis.

El desarrollo de un trabajo de parto es toda una experiencia. En ella ocurren diferentes procesos que van impactando en la psique de la mujer que los padece y del personal médico a su alrededor. Es cansado, tenso y a veces monótono, pero es cuando pueden ocurrir un sinfín de complicaciones como el sangrado o la disminución de los latidos cardíacos del bebe. El médico debe detectar de manera oportuna esas complicaciones para actuar en consecuencia. Fue en esos momentos que noté que cada vez que me acercaba a Emma, sentía una especie de vacío, algo que me desasosegaba y me dejaba preocupado. Ella hablaba poco y se quejaba menos a pesar de que nosotros detectábamos el dolor que le producían las contracciones, cada vez más violentas y continuas. 

—¿Tienes dolor? —le preguntaba continuamente.

Solo me contestaba:

—Algo. 

—¿Quieres que te ponga algo?

—Si quiere —me respondía.

Fueron pasando las horas. Nos permitíamos el lujo de revisarla a través de un tacto cada hora para irnos familiarizando con la evolución del proceso. Sin embargo, se seguía sintiendo “caliente y viscoso”, con cambios mínimos.

Fue hasta después de seis horas de estarla cuidando que ocurrió un evento para el que ya habíamos perdido esperanza: “rompió aguas”, es decir, la bolsa que contenía el líquido amniótico se rompió. Sabíamos que eso precipitaría las contracciones y el proceso de expulsión del bebé.

Pero no fue inmediato. Luego de más de 10 horas en Labor, entramos en el periodo expulsivo. Ese sí fue rápido: sin ningún medio analgésico, ¡recibimos un enorme bebé de casi 5 kilos! Inmediatamente se lo pusimos en el pecho a Emma, pero ella se mostró indiferente. Lo apartó con brusquedad.

De pronto, descubrimos una enorme mancha roja que se extendía por el suelo a una velocidad vertiginosa. Era la temida hemorragia. Debíamos acelerar la extracción de la placenta, pues, si no lo hacíamos, se quedaría atrapada al cerrarse el cuello uterino. Jalamos el cordón umbilical violentamente, pero lo único que logró esta acción fue romper la delicada estructura. Perdimos la tracción natural que podíamos ejercer sobre la placenta y, en lugar de sacarla completa y de un tirón, tuvimos que sacar pedazo a pedazo hasta que logramos extraerla por completo.

Después de este susto, nos percatamos de los destrozos en los tejidos que había producido el paso del bebé de casi 5 kilogramos. Se nos cayó el alma al suelo. 

—¿Qué vamos a hacer, Rolando? —le pregunté al ver todo aquello. 

—No sé. ¿Traes tu libro?

—¡Ahí no viene cómo solucionar esto!

—Tranquilo, hermano. Todo está bajo control. Iremos suturando y pegando como podamos. Ya verás. Alguien lo tuvo que hacer una primera vez. 

Poco a poco, la calma volvió a nosotros. Con paciencia, pudimos unir tejidos que macroscópicamente hallábamos similares tanto en color como en textura y disposición. Transcurrió una eternidad. Dejamos de sentir espalda y asentaderas. Pero terminamos.

Para ese momento, el bebé ya había desaparecido, pues se lo habían llevado a los cuneros. Los cuidados posteriores de la paciente requirieron grandes dosis de antibióticos, transfusiones y una serie de curaciones para evitar que se extendiera la infección potencial que nos preocupaba.

A lo largo de los días siguientes, Emma nos recibía con pocas palabras, cortante y sin emoción.

—¿Otra vez aquí?

—¿De nuevo la curación?

Cuando estaba más animada, exclamaba:

—¡Otra vez el par de burros!

Seguía sin demostrar ningún sentimiento. Ni desacuerdo ni enojo ni alegría. Solo una sensación de hartazgo por todo. Lo peor llegó cuando le llevaron por primera vez a su bebé. Reclamó que ese niño no era el suyo. Se armó tremendo rifirrafe. Sin embargo, por las características macrosómicas del bebé (nada más y nada menos que 5 kilos 150 gramos), no había lugar a dudas. Las personas de Trabajo Social intentaron ayudarnos sin éxito, ya que Emma no simpatizaba con ellas. Ni con ellas ni con nadie. 

Finalmente lo logramos. Aunque inconforme y rezongando, la dimos de alta y se llevó a su bebé, a quien no había querido ponerle nombre. 

Poco tiempo después, tres días para ser exactos, tomándome el primer café en la sala de descanso de médicos, me enteré de las noticias a través de la televisión. Una mujer había enloquecido por el llanto de un bebé desconocido para ella. Frente a un indolente padre que dormía la mona, había golpeado al niño con un rodillo de amasar. Después, le había prendido fuego a la humilde morada. La conductora del programa mostraba imágenes de un caserío humeante con los bomberos aún haciendo su trabajo, removiendo material potencialmente inflamable y buscando más víctimas. La reportera pudo sacarle un par de respuestas a la enorme mujer, que decía que había tenido que quemar todo porque —aún después de los golpes— el llanto y los gritos del bebé seguían retumbado en sus oídos. El reportaje terminaba con una entrevista a los paramédicos, quienes habían reconocido a la detenida: una paciente que se había escapado del manicomio hacía más de un año. Por la falta de medicación, la esquizofrenia que padecía se había desarrollado ferozmente.

Y entonces las piezas de ese rompecabezas empezaron a embonar. Habíamos estado frente a una esquizofrénica funcional que iba por el mundo sobreviviéndolo, adaptándose. Pero, ante un cúmulo de factores inmanejables para ella, se derramó el vaso y sobrevino el ataque agudo con las consecuencias ya conocidas. Todos aquellos pequeños detalles que no entendíamos en su momento —la abulia, las reacciones violentas, incluso el impago de sus cuotas— debían habernos alertado de que había algo más en juego en esta triste historia.

¿Falta de pericia e inmadurez? ¿O destino? Juzguen ustedes.

  1. Este texto es uno de los resultados del taller Hacerle al cuento, en el que nos sumergimos en este género literario para crear nuevas historias y personajes. La entrega final consistió en un cuento completo, como lo es “Destino”, de Germán Troconis Trens. Puedes conocer más sobre los cursos y talleres aquí. ↩︎

Elemental, mi querido Hitchcock

Lupas, deducciones, armas y técnicas forenses han cruzado la literatura y el cine desde hace tiempo. Edgar Allan Poe le regaló al mundo el primer detective literario en 1841 y Arthur Marvin llevó a uno por primera vez a la pantalla en el año de 1900. Desde entonces, los detectives, sus ayudantes y también sus archienemigos se han apoderado de las páginas, de la pantalla grande y de la chica, y también de la mente de sus lectores y espectadores.

El género policiaco ha sido una de mis pasiones desde muy pequeño. Primero lo fue como joven lector, luego como escritor y finalmente como investigador. Dediqué mi tesis de licenciatura a ese tema y luego he escrito más novelas de esa tradición, entre ellas La joya robada, que recibió el Premio Nacional de Literatura Fenal Norma. A su lado, otra de las artes que me encanta es el cine, que ha retratado de forma extraordinaria a los detectives y también a los criminales.

Ahora me enorgullece lanzar el curso “Elemental, mi querido Hitchcock”. En él veremos cómo se ha transformado el género policiaco tanto en la literatura como en el cine y las series. Investigaremos a los propios detectives y seguiremos sus huellas para explicarnos cómo han interactuado con las historias de gángsters, el suspenso, la fantasía y hasta el narcotráfico.

Este curso será virtual para que puedan unirse personas de todos los rincones del orbe. Será a lo largo de los 4 sábados de abril de 10 am a 12 pm (horario de la Ciudad de México). Además, todas las sesiones se grabarán por si algún inscrito no puede asistir a alguna.

En la primera sesión veremos cómo se forjó la tradición literaria del policiaco con los primeros detectives como Auguste Dupin, así como la forma en que Sherlock Holmes y Hercule Poirot saltaron al cine. En la segunda sesión hablaremos de la fusión con el género negro y la llegada de los chicos malos con autores como Dashiell Hammett y Raymond Chandler; fue ese el momento en que Hitchcock dirigió películas llenas de suspenso y en que Humphrey Bogart se puso gabardina y sombrero.

En la tercera sesión hablaremos de las series donde ahora resultó que la policía era buena: C. S. I., La ley y el orden y muchas más. Para terminar, hablaremos sobre las mezclas del policiaco con otros géneros en la actualidad, a partir de casos como Élmer Mendoza y el narcotráfico, y Dolores Redondo y la fantasía. Traeremos a colación incluso las nuevas versiones de Poirot en el cine.

Un deleite para todos aquellos que gustan de resolver enigmas, leer buenos libros y disfrutar el cine. ¿Están listos? Pues… ¡acción!

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